Primero la obligación

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Seguro que más de uno hemos oído eso de “primero la obligación, y después la devoción”. Si “devoción” significa “gustos, aficiones o ciertas expresiones más o menos religiosas.”, estoy de acuerdo; pero si por devoción entendemos “vivir en cristiano”, vivir según el modo radical al que Jesucristo invita, entonces habría que preguntarse: “pero, ¿no es ésta la obligación del que quiere ser cristiano?”.

Digo lo anterior porque el Evangelio de hoy tieneexpresiones verdaderamente extrañas por no decir “fuertes para el hombre de hoy. Jesús se presenta a sí mismo y su mensaje como “causa de división”. Tres imágenes utiliza Lucas: fuego“He venido a prender fuego en el mundo y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!”-, bautismo Tengo que pasar por un bautismo y ¡qué angustia hasta que se cumpla!”, y división familiar“¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división…”.

La fidelidad suele conducir al martirio; el profeta Jeremías es claro ejemplo: sufre la incomprensión y es perseguido por el pueblo por mantenerse fiel a la palabra divina, a su misión; pero no por esto se calla, sino que grita más, con toda su fuerza, el mensaje de Dios. Tiene una misión y la lleva adelante,

¡Cuántas personas experimentan rechazo, persecución, incomprensión, incluso martirio, destierro, cárcel o muerte! Y no ha de ser algo de trascendencia periodística o política; puede ser el comentario o la mirada maliciosa ante un nuevo embarazo, ante una decisión laboral, ante una renuncia a privilegios humanos... Que cada lector ponga rostros y nombres. En otros tiempos el drama aparecía cuando un hijo se proclamaba ateo:desentonaba en la familia y sociedad. Pero llegan días -y ya están– en que gentes que asumen el Evangelio –y no como rutina heredada, sino como “novedad salvadora”-provoquen un auténtico drama familiar: “mira, hijo, tus padres siempre hemos sido cristianos y no hemos dicho tonterías; para ser buenos no hace falta tanto”.

Todos deseamos el bien común y la paz. El problema está a la hora de concretar los caminos. ¡Cuántas veces escuchamos eso de que “los curas y los obispos no están para meterse en política, que se dediquen a sus cosas!. ¿Cuáles son las cosas de un cura o un obispo sino el bien, la felicidad, la salvación de los hombres por los que handecidido decir sí a Dios? ¿Quién es ese señor para negar la comunión a una mujer que ha creído conveniente unirsea otro hombre tras el divorcio?, preguntaba la presentadora de televisión escandalizada. Jeremías fue acusado de “no buscar el bien del pueblo” porque no se ajustaba a los criterios de los líderes de Israel de entonces;él experimentaba en su interior una fuerza que le exigía ser fiel a la misión recibida.

La historia de ayer es una realidad del presente: trabajar hoy y siempre por el bien del pueblo y por la paz es “bienaventuranza” pero al mismo tiempo es “drama que engendra división. Le sucedió a Jesús, que fue signo de contradicción y portador de división. ¡Qué oportunas las palabras hoy de la carta a los Hebreos!: “Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado”.

Luis Emilio Pascual Molina

Consiliario Cofradia Ntro.Padre Jesùs Nazareno