“Y DIOS SE HIZO FAMILIA…”

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            Parecía imposible. Era el deseo más profundo del corazón humano y se ha hecho realidad: Dios bajó del cielo y vino a compartir con nosotros nuestro mismo ser. Ya no hay barreras entre nosotros y Dios. En Nochebuena hemos revivido, una vez más, la alegría que nace de la belleza del gesto de Dios, del camino de libertad que nos muestra. Una alegría que se hace programa de vida, porque tu vida puede ser la casa donde habite Dios. Hace escasos cuatro días hacíamos memoria del momento clave en la historia de la humanidad. Lo que nos trae la Navidad es esta realidad; que todo un Dios se abaja, se anonada, para hacerse hombre -como cada uno de nosotros- dándonos la clave de la realización y la felicidad humana: “dejar de ser para ser”.

            Y Dios -que podía hacer las cosas como quisiera- decidió encarnarse en una mujer, aparecer entre los hombres como bebé débil e indefenso, y vivir en el seno de una familia. Es en la familia, en Nazaret, donde crecerá, aprenderá a vivir, trabajará y hará propias las vivencias de sus padres; madurará y conocerá qué es eso de amar, gozar y sufrir. Es en la familia donde cada uno de nosotros nos sentimos amados y exigidos, donde adquirimos conciencia de quiénes somos, de que no estamos solos, que la vida es comunión, que soy hermano, hijo, padre o abuelo… y que mi vida está entrelazada a la de otros muchos. La familia es cuna donde la vida comienza, crece y se desarrolla. No habrá calor humano en el mundo sin respeto a la familia. Sin familia no hay arraigo en la existencia humana.

            Entremos hoy en la casa de Nazaret para escuchar el silencio respetuoso de los que allí viven; entremos para descubrir el misterio que encierran esas paredes; entremos para ver cómo trabajan y cómo se aman mutuamente. Y luego… pidámosle a Dios vivir del mismo modo nuestro ser “familia”, y también nuestro ser “familia cristiana”.

            Para encontrar a Dios hay que seguir el camino que siguió el propio Dios: el camino de la humanización. Os deseo vuestra familia pueda ser un Belén estos días, y un Nazaret a lo largo de vuestra vida. Os invito a contemplar en soledad y sin prisas, en vuestro “Nacimiento casero”, al niño recién nacido. Desead que la ternura que os vaya brotando la irradiéis a todos y cada uno de los de casa, y pedid el don de vivir el calor del hogar, desde donde se cocina, se fragua y se construye la civilización del amor.

            ¡No tengáis miedo de abrir las puertas de vuestro hogar a Cristo! Viene con poder para daros vida. Es “Emmanuel”, es Dios-con-nosotros. Estará siempre a vuestro lado, fiel a la alianza de amor que ha hecho personalmente con cada ser humano. En los momentos de alegría él cantará y bailará con vosotros; y en los momentos de tristeza llorará con vosotros. Él es la roca firme sobre la cual poder construir la vida.

                                                                                   Luis Emilio Pascual Molina

                                                                                   Consiliario de la Cofradía de Jesús

 

Fiesta de la Sagrada Familia – Ciclo A

29-diciembre-2019