¡SED MIS TESTIGOS!

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            La Ascensión de Jesucristo a los cielos, Solemnidad que hoy celebramos, pone ante nuestros ojos que Jesús vivió en Dios. Es lo que sostenía su vida; era su ambiente natural. Por eso… “vuelve allí” al terminar su existencia en la historia. Permanece en el ámbito en el que siempre vivió, y que no es otro que la intimidad de Dios Trinidad.

            También nuestro destino es el cielo porque es, al mismo tiempo, nuestro origen. Volveremos al punto de partida -es el deseo de Dios para el hombre-, pero sólo si aceptamos, desde nuestra libertad, compartir la plenitud de la vida con Dios, que es Amor y Vida. Toda nuestra historia es un continuo tiempo en que Dios se nos hace presente y cercano “invitándose” a entrar en nosotros para darnos su naturaleza y su Espíritu. El problema es que, desgraciadamente, repetimos eso de que “más vale malo conocido que bueno por conocer” o que “el cielo sí, muy bien, pero… ¡como en la casa de uno en ningún sitio!”. Es decir, que por más que continuamente nos quejamos de la vida, de los problemas, de… no nos atrevemos a dar el salto hacia la aventura de dejar a Cristo que nos cambie la vida y nos haga vivir por anticipado el cielo.

            Esta semana despedíamos a una gran amiga; el sábado le llevé la comunión y, ante su mirada penetrante, le pregunté qué quería. Me dijo: “¡Quiero ir al cielo!”.

            No se trata de angelismos, de escurrir el bulto, deseando vivir entre las nubes del cielo. Es todo lo contrario. Quien espera el cielo y entiende que somos peregrinos hacia ese destino último, vive aquí sin apegarse, sin miedo a perder las cuatro cosas que no sirven más que para un breve espacio de tiempo y que no nos llevaremos con nosotros, y que además nos esclavizan; vive libre ante todo y ante todos… Y se entrega. Y vive, además, deseando que los demás, los que queremos, también participen de ese mismo destino. De ahí que si en algún instante la “nostalgia” y el “deseo de estar con Dios eternamente” nos paraliza, necesitamos escuchar lo mismo que los ángeles dijeron a los apóstoles: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?”. El mismo Jesús les dice a los apóstoles qué deben hacer: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos… y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Jesús invita a la acción, a ser testigos, a dar gratis lo recibido gratis, a “narrar” lo que Dios ha hecho en nosotros, y a no dejarse inundar por la parálisis ni por el miedo.

            El Papa Francisco en su tradicional Mensaje para hoy, la LIV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que titula “La vida se hace historia” y que dedica a la “narración”, nos dice que… “necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos”.

            La Ascensión no aleja a Jesús de nosotros. Todo lo contrario: “… y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Quizás tengamos muchas preguntas: ¿cuándo veremos la extinción del pecado y de la muerte?, ¿cuándo llegará el Reino que anuncia Jesucristo?… Hoy, en la Solemnidad de la Ascensión, escuchamos la respuesta de Jesús: “No os toca conocer los tiempos y el momento…

              Vosotros… ¡Id y anunciad el Evangelio! ¡Sed mis testigos!.

 

Luis Emilio Pascual Molina
                                                                                  Consiliario de la Cofradía de Jesús

Ascensión del Señor – Ciclo A
24-mayo-2020