ESPERAR EN ESPERANZA

208

La espera no es una actitud muy común. De hecho, se piensa que la espera es una pérdida de tiempo; quizás porque la cultura que nos ha tocado vivir dice: “¡Venga!, ¡Haz algo!, ¡Demuestra que eres capaz de actuar!, ¡No te quedes sentado esperando!, ¡Lo quiero ya!, etc.”. Y hay quien añade aquello de que “quien espera, desespera”. Es expresión de un modo de vivir materialista, de hechos y realizaciones inmediatas. Para que la espera tenga sentido no puede ser conformidad o apatía, no puede ser evasión, sino testimonio y compromiso. Y es que… ¡Quien ama… vela! y ¡quien vela… espera!: la madre junto a la cama de su hijo enfermo, el amigo ante la llegada del amigo… Pero tenemos dos enemigos: de un lado el fracaso del pasado vivido y la angustia de que se pueda repetir crean desesperanza y desasosiego en la espera; de otro la satisfacción por el presente que mata las esperanzas de futuro. Y así vemos cómo los desesperados y los satisfechos “no pueden, ni saben, esperar”.

Los cristianos estamos llamados a esperar, va en nuestra esencia, pues somos el Pueblo de la Esperanza. La Esperanza es la actitud por excelencia de nuestro caminar, todavía en penumbra, hacia la felicidad que buscamos e intuimos. Junto a la Fe, son los dos bastones del caminante. El Adviento es camino de espera hacia el encuentro de Aquél que vino, que vendrá en Gloria y que viene en cada instante o acontecimiento de la vida. Por eso la Esperanza es la virtud por excelencia del Adviento. Y “vivir en continuo adviento” es el modo normal de vivir para el cristiano. “Esperar -escribía H.J.M. Nouwen en 1995- es una actitud enormemente radical en la vida de este mundo preocupado en controlar los acontecimientos. Esperar es confiar que sucederá algo que supera con mucho nuestra imaginación. Es abandonar el control de nuestro futuro y dejar que sea Dios quien determine nuestra vida… La vida espiritual es una vida en la que estamos a la espera, activamente presentes en el momento actual, aguardando la novedad que acontecerá…”.

Hoy iniciamos un nuevo año. Sí, y nos acompañará el evangelio de Marcos. Muchos no se percatarán, y esperarán a la fiesta del cava, las uvas y los confetis… dentro de un mes, cierto que este año de modo diferente, con todas las restricciones por la pandemia. Pero nosotros, creyentes que “queremos vivir de Dios y para Dios en los hermanos” -pues desde la Fe y la Esperanza se suscita la Caridad-, no podemos dejar pasar como si nada este tiempo que hoy se abre. El mismo Jesús nos invita a estar prevenidos: “¡Cuidado! ¡Vigilad, pues no sabéis cuando es el momento preciso…! Os lo digo a todos: ¡Velad!”.

Comienza el Adviento, iniciamos un Año Nuevo. Querido amigo, no te duermas en la apatía o en la desesperanza, porque el Señor va a pasar y no sabes cuándo. Estate atento, sobre todo cuando sientas la sombra de la cruz… porque Él no suele andar lejos. Que te encuentre en vela quien se cuida de ti y viene a salvar tu existencia.

Luis Emilio Pascual Molina
Capellán de la Cofradía de Jesús
Domingo I de Adviento – Ciclo B
29-noviembre-2020