“… Y LOS FUE ENVIANDO”

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En pleno verano, cuando el calor aprieta (¡y mañana más según las previsiones!) y sólo pensamos en descansar y dejar a un lado las preocupaciones y las tareas, resulta que la liturgia del domingo nos pone las pilas porque nos presenta dos palabras clave: elección y misión. Dios elige a Amós y lo envía a profetizar a la casa de Israel. Jesús envía a los Doce -que previamente los eligió para estar con él- a predicar la conversión: “Los llamó… y los fue enviando”. Es la permanente misión “ad gentes”, llevada a cabo no por especialistas apoyados en técnicas publicitarias sino a través de hombres y mujeres sencillos, como Amós –“pastor y cultivador de higos”-. Y les envió… “con autoridad sobre los poderes del mal”, pobres de poderes humanos, apoyados sólo con el bastón de caminantes, sin pan, ni alforja, ni túnica de repuesto… y de dos en dos.

Expertos en marketing, estrategias evangelizadoras, interminables reuniones de pastoral… para ver cómo llegar a los alejados, cómo hacer. ¡Horas perdidas!… porque la clave no está en qué decir, cuándo evangelizar, dónde evangelizar o quién evangeliza. Es todo bastante más sencillo: “cuenta lo que el Señor ha hecho contigo… cuenta que Jesucristo ha muerto y ha resucitado por ti, por todos, y que a todos ama con su gran corazón, y a todos invita a la conversión, a seguirlo y a conocerlo”. El evangelizador, hoy, se pasea por calles y plazas, por oficinas y fábricas, por los lugares de diversión y los centros de estudio… Su sola presencia es ya un testimonio, y su palabra transmite lo que ha experimentado en sus encuentros con el Señor. Éste es el destino, la misión de todo hijo de Dios, de todo bautizado, de ti y de mí; nos lo dice Pablo en el bellísimo himno cristológico con el que comienza la carta a los Efesios: “Él nos eligió… nos ha destinado por pura iniciativa suya… Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria”.

¿No es un derecho de todo hombre conocer esta Buena Noticia? ¿No es un deber nuestro, que la hemos conocido, experimentado y gozado, darla a conocer? La respuesta se llama “parresía”: “urgencia por evangelizar”. La tuvieron los primeros apóstoles, la tuvo Francisco Javier, la tenía Juan Pablo II, a ella nos invitó Benedicto XVI en el “Año de la Fe”, la proclamó Francisco al provocar a los jóvenes en Río de Janeiro con ése “¡Hagan lío!”, y al convocar el “Año de la Misericordia”, la “Jornada Mundial de los pobres” o el “Domingo de la Palabra de Dios”. La tienen tantos creyentes hoy que, solos o en familia, están dispuestos a dejar casa, tierra, comodidad, por anunciar el amor de Dios al hombre. La tienen los 6 Sacerdotes y los 3 Diáconos que han sido ordenados los pasados días en nuestra Diócesis de Cartagena, y mis buenos amigos Juan José Feria en Huelva o Antonio Guzmán en Granada… ¡Un pueblo en camino!

En medio del relax veraniego la liturgia de hoy nos plantea un reto: Dios nos amó, nos eligió, nos perdonó, y nos dio a conocer su proyecto salvador, para luego salir al mundo a darlo a conocer. Esperar, por cobardía o por pereza, es olvidar el “por qué” del ser Iglesia y supone perder toda perspectiva evangelizadora.

 

Luis Emilio Pascual Molina
Capellán de la Cofradía de Jesús
Domingo XV del Tiempo Ordinario – Ciclo B
11-julio-2021