EL MEJOR PIROPO

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“Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11, 28). Así contesta Jesús a una mujer del pueblo que le piropea. Estas palabras, tomadas del evangelio de la misa vespertina de la fiesta de la Asunción constituyen el mejor piropo que nadie ha podido hacer de otra persona, y son la mejor definición de la dicha y la felicidad. Jesús las refiere a su madre y las extiende a cada uno de nosotros. La rica liturgia de este día nos habla de María como “arca de la alianza”, “mujer vestida del sol”, la “bendita entre todas las mujeres”, y la “triunfadora sobre la corrupción y la muerte a las que conduce el pecado”. Y todo porque Dios la eligió para ser su madre y la constituyó “llena de Gracia”. Inmaculada en su concepción, su fin no podía ser sino la Gloria. Los cristianos comenzaron a celebrar desde antiguo (siglo IV-V) el tránsito y triunfo pascual de María. Quince siglos más tarde, en 1950, Pío XII declarará el dogma de la Asunción, diciendo que María, «terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del cielo y elevada al trono como Reina del universo”. Cien años antes, en 1854, Pio IX había definido el dogma de la Inmaculada: “la Virgen María, Madre de Dios, fue desde su concepción inmune de la mancha hereditaria”. Ambas fiestas son la misma pues los dos misterios están íntimamente unidos.

Si bien la elección de Dios estaba hecha, no podía realizarse sin la participación humana: María debía aceptar el plan de Dios, y para ello debía permanecer a la escucha. Su escucha y su respuesta cambiaron la faz de la tierra pues permitieron la Encarnación del Hijo de Dios. Isabel la proclamará “bendita” y María responderá con el canto de la humildad y la grandeza de Dios, el Magnificat: es Dios el que hace maravillas, “yo sólo soy su esclava y él mira mi humillación y mi disponibilidad”, dirá María (Lc 1, 47-56). María es bienaventurada porque ha escuchado, ha creído y ha cumplido la Palabra de Dios, de manera que en ella se expresa y culmina el camino creyente de la historia de la humanidad. Desde ese fondo recibe su sentido la segunda lectura de la liturgia de esta solemnidad, donde Pablo canta con gozo la victoria de Dios sobre la muerte.

Por cierto, ¿saben todos que la bandera europea, diseñada por el artista Arsène Heitz, está inspirada en las palabras del Apocalipsis que evocan a la Virgen María -la mujer coronada de doce estrellas- y que “casualmente” fue el 8 de Diciembre de 1955   cuando se adoptó oficialmente? El sucesor de Pedro, Benedicto XVI, nos propuso hace años “recristianizar el viejo continente con el ejemplo de nuestras vidas y el testimonio de nuestras palabras”. Conozco muchos jóvenes dispuestos a ello, a los que Cristo ha seducido y -como María- han escuchado su palabra. Hay futuro para Europa y para la humanidad. ¿Alguien más está dispuesto?

 

Luis Emilio Pascual Molina
Capellán de la Cofradía de Jesús
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María – Ciclo B
15-agosto-2021