EL MUNDO AL REVÉS

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“El que me la hace me la paga”, “no respondas y te sacarán hasta los ojos”, “el Señor dijo que fuéramos hermanos, pero no primos”… Éstas, y muchas otras que el lector puede añadir, son frases corrientes en nuestro lenguaje cotidiano. El resumen es que queriendo defendernos de quien nos hace daño, nos destruye, nos margina o nos causa cualquier quebranto, respondemos al mal con el mal. La consecuencia es que no somos felices, porque quien obra el mal se encuentra en la oscuridad, en la destrucción, propia y de los demás, y por tanto no encuentra ni la paz ni la felicidad.

Si nosotros hubiéramos estado en aquel patio del palacio de Pilato habríamos liberado a Barrabás y no a Jesús, aunque nos parezca extraño, porque así es como actuamos frente a quien nos hace una injusticia: con otra injusticia -que, por cierto, a veces es mayor y desproporcionada-; hubiéramos elegido al violento frente al pacífico. Y lo peor viene cuando lo justificamos, cuando nos convencemos de que no hay más remedio. Aquí está el mayor problema, porque buscando constantemente ser felices nos encontramos cada día más tristes, más desorientados y más destruidos.

La solución nos la da Jesús: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian”. Actuar así es “de locos”, pensar así hoy día es “no vivir en la realidad”, nos dirán. Incluso muchos que se llaman, y nos llamamos, cristianos, reaccionamos así, y lo justificamos; porque pensar, sentir y hasta obrar con el rencor y la violencia, responder al mal con el mal, es “humano”, es lo que sale de nuestro ser carnal, que se encuentra incapacitado para amar al otro cuando el otro se convierte en enemigo, en rival. El Evangelio, que como su nombre indica es “Buena Noticia”, nos presenta el obrar y la predicación de Jesús como antítesis de ese modo de actuar: “A quien te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica; a quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. No se trata de un amor de simetría: “si me amas te amaré”; sino totalmente asimétrico, nuevo: “te amo, aunque no me ames”.

En resumen… el camino de la felicidad consiste en “responder al mal con el bien”, como Jesús, quien en la cruz pedirá por sus ejecutores: “Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen”; como el rey David, quien teniendo la oportunidad de matar a Saúl que le perseguía, remitirá la justicia a Dios -porque sólo Dios puede juzgar las intenciones de los hombres-; como tantos mártires, que en el momento del suplicio rezarán por sus verdugos… Como tantos cristianos que hoy día, en sus ambientes, son testigos de un modo distinto de vivir y actuar, y que son un interrogante para los que les ven, porque “son felices”.

Y éste es el hombre del Espíritu, que no es resultado de esfuerzos y puños, sino fruto de una conversión del corazón, pura Gracia de Dios, que podemos aceptar o no. Como todo regalo, no depende de nosotros, pero sí lo podemos pedir y buscar.

Te invito a hacer la prueba… “y si encuentras algo mejor me lo dices”.

Luis Emilio Pascual Molina
Capellán de la Cofradía de Jesús
Domingo VII del Tiempo Ordinario – Ciclo C
20-febrero-2022