EL PODER DE LA ORACIÓN

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¿La oración?, pero ¡si no ya está de moda la oración! Y ¿qué oración?, porque hay muchos tipos y modos… ¿Sirve para algo? ¿Es un refugio o simple tranquilizante?, ¿es una obligación?, ¿oramos asiduamente? Hay personas que no han orado nunca, otros consideran la oración como una pérdida de tiempo, algo inútil, y no faltan quienes la aprecian y la consideran el primer valor en su vida. ¿Y mi oración? ¿Es monótona, repetitiva, rutinaria, o por el contrario es personal, confiada, coloquial, original? Y por otro lado… ¿es difícil orar? “Señor, enséñanos a orar…”, le pidieron los discípulos a Jesús, y éste les regaló el Padrenuestro como modelo de oración, y les invitó a pedir con insistencia, oportuna o importunamente, y a ser constantes, confiados en que Dios en su infinita misericordia escucha siempre: “Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”. Por tanto: “Pedid… buscad… llamad…”.

Es necesario enseñar a orar. Es imprescindible, para nuestro mundo de hoy, recuperar el gusto por la oración.

Hoy iniciamos el Campamento de Verano, muy añorado desde 2019 a causa de la pandemia, y que celebraremos (D.m.) en el término municipal de Biar. en plena sierra sur de Alcoy, Algunos más de 200 niños y adolescentes, junto a 60 monitores, vamos a disfrutar de la naturaleza, pero tendremos también nuestra oración al inicio y al final del día –Buenos días y Buenas noches, les llamamos a estos momentos, y escucharemos la Palabra de Dios, para que oriente nuestros pasos cada día, y celebraremos la Eucaristía el día de Santiago y el domingo de la clausura; y habrá una Celebración Penitencial. Y todo ello porque sabemos que Dios habla en la oración, y nos alimenta en el banquete fraterno y en su Palabra. Estos niños y jóvenes saben orar, saben rezar, y saben que ante el poder de la oración no hay poder humano que resista o venza. Y disfrutan, como muchos no pueden imaginar. Y cuando oran… a veces bendicen, otras dan gracias, otras suplican o claman, otras -como Abraham o Moisés- interceden, pero siempre se sienten amados de Dios. Estos niños y jóvenes saben que la oración no cambia a Dios -no se reza para eso- pero sí cambia a quien ora. Orad también vosotros por ellos, que sigan en la amistad con Jesucristo.

Toda oración nace como respuesta a la amistad. Ya Santa Teresa decía que “orar es hablar de amor con aquel que sabes que te ama”. Es preciso tener conciencia de que somos “hijos” y nos dirigimos al “Padre”. De ahí que quien reza el Padrenuestro siente la exigencia de vivir con un nuevo estilo: en fraternidad.

Pero para orar es imprescindible la humildad. “Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza”, dice Abraham. Es el necesitado, que jamás hubiera osado hablar confiadamente con Dios si no hubiera conocido su Paternidad; pero… “fiel a la recomendación de Jesús, y siguiendo su divina enseñanza se atreve a decir: ¡Padre Nuestro!”. ¡Padre!… la palabra esencial que todo lo resume. ¡Qué confianza!

Luis Emilio Pascual Molina
Capellán de la Cofradía de Jesús
Domingo XVII del Tiempo Ordinario – Ciclo C
24-julio-2022