AMOR Y PERDÓN

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No goza de muy buena fama el Perdón: “perdonar de corazón” se considera con frecuencia como signo de debilidad; se suele comentar que aquel que perdona no es capaz de hacerse valer; y cuando uno reconoce su error no suele “pedir perdón” pues parece que la consecuencia será la pérdida de autoridad y que “nos pierdan el respeto”. ¡Qué lejos de la realidad se encuentra quien así piensa! Me recuerda el primer anuncio de la Tónica: “¡Es que lo has probado poco!”. Ciertamente: quien está ejercitado en el perdón, quien pide perdón y perdona con asiduidad, sabe del inmenso gozo que se experimenta, de la alegría del corazón y de la libertad interior que se vive.

En cuanto al pecado otro tanto podemos decir: para unos no existe, para otros es un mero error sin consecuencias, y otros prefieren dejarlo aparcado. San Pablo, por el contrario, afirmaba que “el salario del pecado es la muerte”. Y la experiencia cotidiana nos dice a todos que quien vive en el pecado está triste y no tiene vida. La realidad es que el pecado es una acción humana opuesta a Dios. El hombre, por el pecado, rechaza el amor divino, y trata de construir su yo y el mundo al margen de Dios, su Creador. Por eso, porque el pecado trastorna y desordena el propio ser de hombre, lo autodestruye y lo deshumaniza, y el hombre experimenta la amargura y la muerte.

Frente a este panorama está Dios. Lo que caracteriza a Dios, su esencia, es ser Amor, “amor rico en misericordia”. Las tres parábolas de la misericordia del capítulo 15 de Lucas muestran la “gran alegría en el cielo por el pecador que se convierte”, y la fiesta que organiza el padre por el hijo recuperado: “¡Ha sido hallado el que se había perdido!”. Pablo da gracias a Dios, que “derrochó su gracia en mí… a Cristo Jesús, que me hizo capaz, se fió y me confió este ministerio…, yo, que era blasfemo, perseguidor, un insolente… pero Dios tuvo compasión de mí”,  porque Jesucristo “vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero”. Humildad, sinceridad, conversión de Pablo; “cambio de chip” en el hijo pródigo, que no duda en “ponerse en camino hacia su padre y reconocer su error”… Esta es la novedad radical. Todo lo demás será “más de lo mismo”, a título personal o a nivel mundial. Porque cuando la misericordia de Dios se encuentra con la miseria humana todo es nuevo.

Permitidme un añadido a esta glosa: el pasado jueves 8, Fiesta de la Natividad de la Virgen María, muchas ciudades y pueblos de España celebraron fiesta grande; este domingo 11 la ciudad de Murcia y sus pedanías celebrarán a Ntra. Sra. de la Fuensanta, y el martes 13 será su “esperada Romería” al Santuario. Al día siguiente celebraremos la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Muerte redentora de Jesucristo y recuerdo agradecido hacia la Fuente Santa que nos dio al autor de la Vida.

¡Dios está con nosotros! No nos deja a nuestra suerte. No lo dudemos nunca.

¡Qué gran regalo hoy, de parte de Dios, al inicio de curso: “misericordia”!

¡Qué gran invitación hoy, al inicio de curso, para mí: “conversión”!

Luis Emilio Pascual Molina
Capellán de la Cofradía de Jesús
Domingo XXIV del Tiempo Ordinario – Ciclo C
11-septiembre-2022