FESTIVIDAD DEL DULCE NOMBRE DE JESÚS

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El culto y veneración al Dulce Nombre de Jesús ha sido una constante en las cofradías españolas desde las décadas finales del siglo XVI. Con el objeto de preservar esta devoción, pronto aumentaron las representaciones del Niño Jesús que, bien representado en Gloria, ya adscritos simbólicamente a la remembranza de la Pasión, se convirtieron en emblemas y objetos devocionales preferentes para dichas corporaciones. La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno no fue una excepción en esta práctica. Son varias las efigies de este tipo que se conservan desde décadas atrás al objeto de venerarlas en los días de la Navidad. Sin embargo, la ausencia de representatividad en éstas, así como la restauración del culto sagrado en la antigua ermita de Jesús hacía imprescindible ―de acuerdo con la recuperación de su ajuar litúrgico― la presencia de una efigie de este tipo que capitalizase la histórica magnificencia del templo.

Tales prácticas navideñas han tenido un protagonismo muy destacado en el ámbito local, destacando las acostumbradas en el interior de las clausuras monásticas. También en el área rural se acostumbró a llevar estas imágenes del Salvador por las casas extendiendo la veneración litúrgica en el medio popular. La inserción de estos ritos con la música popular y el ambiente festivo procuró una entrañable atmósfera que, desgraciadamente, desapareció ―como tantas costumbres del acervo tradicional― en los últimos siglos.

La secularización de estos tiempos no es un impedimento para estimular la pervivencia de tales ceremonias. La Cofradía de Jesús quiere ser consecuente con ello dotando su Casa de Oración con una imagen que ejemplifique la dedicación y el cuidado esmerado a dichos ritos. La pieza encargada a este efecto al escultor Ramón Cuenca Santos, no solo sirve a este objetivo, sino que, además, supone la oportunidad de adquirir una obra de uno de los mejores escultores contemporáneos. No podía ser menos dada la singularidad del recinto al que va destinada así como la acendrada vocación piadosa de sus insignias. El artífice es, por lo demás, un genial caracterizador de estas efigies infantiles habiendo alcanzado cotas indiscutibles de maestría artística.

Es por ello que la cofradía preserva así la dignidad del culto divino también en el tiempo de la Natividad, ostentando en sus actos de piedad íntima esta nueva escultura del Niño Jesús. Se salda así una deuda acentuada con las pérdidas patrimoniales de las décadas centrales del siglo XX. La peculiar iconografía del Redentor aparecerá dotada, además, de una acendrada dualidad: adecuando su impronta al característico sentido pasionario del recinto. Así, se propiciará un culto asido tanto a la característica veneración navideña como, además, a la inminente celebración de los ritos cuaresmales. En este sentido la hierofanía ―el paso tangible de Cristo por la Historia― encuentra la semántica propia de la Natividad ofreciendo, como es propio de la iconografía Barroca, un simbolismo profundo: una lectura que muestra el tránsito tangible de Jesús hacia la Salvación.

#SoydeJesús

📝 Dr. José Alberto Fernández
📸 Joaquín Zamora