Entre los generosos presentes que la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno ha recibido en este año de gracia, en el que conmemoramos el 425 aniversario fundacional de la cofradía a la que da nombre, destaca sobremanera una rica túnica bordada que cofrades y mayordomos han tenido a bien ofrendar a su venerado titular.
EL DISEÑO DE LA NUEVA TÚNICA
Siguiendo el patrón textil y el esquema compositivo de la túnica «de las esposas», muy arraigada en el imaginario de cofrades y devotos, se ha planteado un nuevo diseño de carácter vegetal, partícipe de los más depurados repertorios neoclásicos. Articulado en base a una sucesión de roleos y carnosas hojas de acanto, el dibujo del bordado va configurando una serie de composiciones de carácter ascendente rematadas en pequeños floreros, de los que emergen los sutiles ramilletes que culminan el diseño de la mitad inferior de la túnica. En el centro de la parte delantera aparecen las iniciales «IHS» junto a los clavos y la cruz; el histórico emblema de la cofradía queda encuadrado por un doble óvalo guarnecido de lentejuelas y escoltado por una suerte de cuernos de la abundancia que emergen de los acantos de la propia decoración circundante. Esta misma forma oval se repite en la parte trasera de la túnica, enmarcando el acrónimo INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum) escrito a dos alturas con letras romanas. Sendas cornucopias rebosantes de flores se curvan y entrelazan generando un segundo marco alrededor del óvalo. Sobre la confluencia de ambos, una airosa composición de roleos y flores remata con esbeltez el conjunto en su parte trasera.
Una diminuta cenefa compuesta de hojas de acanto, roleos y flores, con un patrón repetitivo, guarnece el perímetro inferior de la túnica y el borde de las mangas; en éstas los motivos vegetales dibujan una orla de mayor tamaño que se eleva en los centros de la parte que quedaría dispuesta hacia el exterior, en sintonía con el bordado de la mitad inferior de la prenda. La misma orla que bordea los perímetros de la túnica da lugar al patrón que enmarca el cuello y la zona del pecho, añadiéndose en esta zona unos pequeños ramilletes hacia los extremos exteriores que amplían la superficie bordada.
Las numerosas intersecciones de los tallos y acantos que articulan el diseño, sumadas a la superposición de guirnaldas, palmas y ramilletes florales, aportan no solo riqueza en el plano decorativo, sino también una marcada complejidad técnica de cara a la concreción del dibujo en el bordado. Los grosores y alturas que debían alcanzar los elementos planteados sobre el terciopelo no debían ser excesivos, tendiendo a un acabado más bien plano que guardase relación con el resto del ajuar bordado de la propia imagen y se adaptase a la característica disposición de pliegues con la que suele presentarse. Para ello, era fundamental seleccionar cuidadosamente las técnicas empleadas, de forma que, sin otorgar excesivo realce al bordado, se consiguiese una correcta valoración formal a la hora de generar visualmente distintos planos, alturas y volúmenes del dibujo. En ese sentido, podríamos encontrar distintos referentes materiales y estilísticos, cuya producción quedaría enmarcada entre los últimos años del siglo XVIII y el final de la siguiente centuria, delimitando el marco estético en el que se inscribe el propio diseño, así como la cuidada selección de técnicas de bordado que, previa a su puesta en el bastidor, habría que plantear.
EL PROCESO DE EJECUCIÓN
Entre la infinidad de obradores que en la actualidad se dedican a la artesanía del bordado en oro, se decidió comisionar la ejecución de la nueva túnica al taller «Orobordado» regentado por Dolores Fernández en la localidad sevillana de Brenes. Acreditaban esta decisión no solo la dilatada trayectoria de esta reconocida bordadora o la relevancia de los distintos encargos que recaen en su taller, sino también la excelencia en el acabado, la pulcritud formal con la que se resuelven técnicamente los diseños en su taller, así como la delicadeza en los trabajos de pequeño formato; estas habilidades adelantaban un excelente resultado que, según avanzaban los trabajos, ha sido posible confirmar.
Bordada en su totalidad sobre el propio soporte de terciopelo púrpura, algo sumamente inusual en la actualidad, la túnica despliega un completo muestrario técnico del bordado tradicional. Abunda el empleo de la cartulina en las hojas de acanto de mayor tamaño, realizadas en liso e hilo moteado en función de la profundidad visual con la que se quisiera dotar al desarrollo de estos elementos; el uso de esta técnica y el escamado de lentejuelas en los enveses de las hojas aproximan el resultado visual de la túnica algunos de los textiles decimonónicos que se han tomado como referencia. Esta forma de resolver el dibujo se completa con el uso de la hojilla tendida y setillo con diferentes hilaturas de oro fino, sirviéndose puntualmente de canutillos, tanto rizados como mates, para tejer hojas y pétalos de flores en los numerosos ramilletes que salpican el bordado.
El conjunto se enriquece profusamente con lentejuelas de oro, «mingos» o chapillas, así como espejuelos; estas pequeñas aplicaciones se traducen en multitud de puntos de brillo, vinculándose al rico planteamiento que se ya se utilizase en la citada túnica de 1889, a la que aludíamos como punto de partida en este proceso creativo. Rematan los bordes del terciopelo sutiles encajes de «punto de España», realizados en hilos de oro, hojilla y lentejuelas por el artesano bolillero Alfonso Aguilar, quien los ha diseñado exprofeso para la pieza.
Su presentación tuvo lugar en el cabildo ordinario general del pasado Domingo de Ramos y bendecida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. José Manuel Lorca Planes, obispo de la diócesis de Cartagena el Miércoles Santo en el convento del Corpus Christi previamente al tradicional traslado hasta la iglesia de Jesús, estrenándose un suntuoso juego de cíngulo y ahogador, confeccionados en hilos de oro por Casa Rodríguez.
Esta renovada estampa de magnificencia la ofreció la venerada imagen en la mañana del pasado Viernes Santo, verdadero cénit de las celebraciones del cuatrocientos veinticinco aniversario fundacional de su cofradía.
Santiago Rodríguez López
Revista «Nazarenos» nº30 (2026), pp. 58-61
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📸 Joaquín Zamora
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