OFERTAS DE VERANO

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      Nos bombardea la publicidad constantemente con ofertas de todo tipo: “la ganga del momento, la oportunidad que usted no puede desaprovechar…”. Continuas ofertas que buscan atraernos, satisfaciendo o creando necesidades que nunca sacian porque son efímeras. Y es que la experiencia nos dice que el hambre y la sed de la humanidad no se sacian con sólo bienes materiales; lo que el ser humano ansía es “ser feliz”, y para ello no bastan las cosas que al hombre “le dan felicidad”, porque se agotan, porque crean nuevas necesidades… A lo largo de la historia, la humanidad, fatigada y oprimida por angustias y problemas, siempre ha experimentado la incapacidad de darse una salvación meramente terrena, de obtener una paz duradera, un sosiego en su quehacer diario, una felicidad total y plena, o de alcanzar una justicia ecuánime.

    La liturgia de hoy, comercialmente analizada, es una multioferta de vida. Y es original porque, a diferencia del resto de ofertas comerciales, no busca contraprestación: es “gratuita”. Dios sacia a su pueblo “de balde”; lo nutre de gracia y verdad, de vida y alegría. Y aún más, lo vincula con una comida que es prenda de eternidad. Un vistazo a las lecturas de hoy nos deja estas prendas: “Oíd, sedientos todos, acudid por agua, también los que no tenéis dinero: venid, comprad trigo, comed sin pagar vino y leche de balde”, “Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos…”, “Abres tú la mano y sacias de favores a todo viviente”, “Comieron todos hasta quedar satisfechos, y recogieron doce cestos llenos de sobras…”.

    La abundancia es un signo mesiánico. El pueblo de Dios en el exilio tiene hambre y sed no de alimentos sino de liberación; sólo Dios podía colmar sus deseos, y les impuso las condiciones: escuchar su Palabra y ser fieles a la Alianza. El evangelio hace presente la multiplicación de los panes y los peces. Hecha con el mejor deseo de saciar el hambre material de unos hombres que se sentían necesitados, quiso Jesús, más allá de esto, que este pan fuera preanuncio de otro Pan que asegura la vida: “El que come de este pan morirá, pero el que coma del Pan que yo le daré…”, dirá más adelante, en referencia a sí mismo. “Escuchadme y viviréis”, dice Dios al pueblo, y les hace incluso una recomendación “económica” para no invertir mal: “¿Por qué gastáis dinero en lo que no alimenta, y el salario en lo que no da hartura?”. Jesús lo traducirá más tarde a sus discípulos así: “Buscad el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura”.

     Dios no es tacaño en las ofertas; su gratuidad es extraordinaria. El hombre puede experimentar que a Dios no hay quien le gane en generosidad. Por eso el texto de Pablo -segunda lectura- viene como anillo al dedo: Cristo es el bien absoluto, y nada ni nadie nos podrá robar, ni apartar, de ese Amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. “Busca, compara, y si encuentras algo mejor… me avisas”. Yo no lo he encontrado.

Luis Emilio Pascual Molina
                                                                                  Consiliario de la Cofradía de Jesús

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario – Ciclo A
2-agosto-2020