¡HÁGASE!

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Tomó Dios una vez la iniciativa, envió un mensajero a una doncella de Nazaret, y el mundo escuchó el saludo que llevaba el sello divino del amor y la gracia: ¡Alégrate, llena de Gracia, el Señor está contigo! Al anuncio del amor y la predilección de Dios no sigue nunca una exigencia que nuble la verdad de las cosas; sigue una promesa de vida, de salvación, de restauración de lo deteriorado… promesa que lleva en sí potencia transformadora. Uno no se queda indiferente: la sorpresa del hombre que recibe de Dios la promesa de hacer de él un “hombre nuevo”, es gemela a la sorpresa que experimentó María al serle anunciada su concepción. “¿Cómo es posible que llegue a ser un hombre nuevo si conozco mis limitaciones, mis incapacidades?”, decimos tú y yo. “¿Cómo será eso, pues no conozco varón?”, fue la primera respuesta de María. Pero… ¡no temas, porque es Dios quien toma la iniciativa! Él, a ti, sólo te pide permiso.

María asintió… y se dejó en manos de Dios: “Aquí está la esclava del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!”. Ésta iniciativa y gratuidad de Dios no paraliza. Al contrario, serenado y revitalizado por el poder del Espíritu, el hombre está maduro para “gastar su vida” por los hermanos: “María se puso en camino… y fue aprisa a casa de Isabel”. María es un folio en blanco en el que Dios escribe todo lo que Él quiere. Ha consumado su acto de fe, ha aceptado a Dios plenamente en su vida. Fue el acto de fe más difícil de la historia. Ella se encontró en una total soledad, sin nadie con quien hablar más que con el mismo Dios. Por eso María es “modelo y maestra de la fe”, compañera de nuestro camino de fe. La fe de María no consistió en el asentimiento a una serie de verdades reveladas como cuando recitamos el Credo; consistió en un hecho, no en una teoría: se fió de Dios y creyó que no hay nada imposible para Dios.

“Hágase” fue la primera palabra de Dios… palabra creadora: “Y dijo Dios… y se hizo… y era bueno” (conf. Gn 1). “Hágase” fue la palabra de María… y se hizo realidad y concibió al Verbo de Dios; una palabra creadora nuevamente. “Hágase” fue la palabra definitiva de Jesucristo ante su pasión… palabra redentora, re-creadora. “Hágase” debería ser nuestra palabra… la de cada día, la que debería ser síntesis de toda nuestra vida cristiana. Y… surgirá un “hombre nuevo”.

Termina el Adviento: cinco días tiene esta cuarta semana, que anuncia la Buena Noticia de que Dios se acerca a nosotros para hacer de nuestra historia una Historia de Salvación ¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!, hemos repetido con el Salmo. Preparemos, con gozo la fiesta del Emmanuel, del “Dios-con-nosotros”.

Os dejo este bello testimonio de un padre de familia, muy oportuno para este día: “A mí, que soy uno de los responsables de haber introducido en el mundo unos pocos seres humanos que antes no existían… me llama poderosamente la atención la imagen de la criatura divina hecha humano, indefensa, desnudita, ofreciéndose inerme al amor -que no al rechazo- de la mujer que lo aceptó, albergó, protegió y sirvió de nido, María de Nazaret. Un Dios que se hace humano así, y se muestra de esta manera… tiene que ser un Dios muy especial”. ¡Feliz Navidad!

Luis Emilio Pascual Molina
Capellán de la Cofradía de Jesús
Domingo IV de Adviento – Ciclo B
20-diciembre-2020